Hola,


"Todo es un autorretrato. Un diario. Todo tu historial farmacológico está escrito en un mechón de tu pelo. En tus uñas. Los detalles forenses. Las paredes de tu estómago son un documento. Los callos de tus manos cuentan todos tus secretos. Tus dientes te delatan. Tu acento. Las arrugas que te rodean la boca y los ojos"

Hace algún tiempo, Lector mal-herido publicó una reseña sobre esta novela, o más bien una reseña sobre la contraportada que había hecho Mondadori de esta novela (contraportada que, efectivamente, se las trae: es casi tan mala como las contraportadas de los libros de Mundodisco; se ve que la editorial Paga&Jódete, que si no recuerdo mal es parte de Mondadori, es especialista en poner solapas que no tienen nada que ver con el argumento del libro).

Chuck Palahniuk saltó a la fama por su primera (creo) novela, El club de la lucha, que, por cierto, no he leído. Eso sí, la película es espectacular, la disfruté bastante y me reí mucho. Y eso a pesar de que no me gusta nada, pero nada, Brad Pitt.

El caso es que la contraportada de Diario. Una novela estropea las pocas virtudes que tiene este relato raro. Y digo 'relato raro' porque no se me ocurre ninguna otra forma de definirlo: una joven gordita y estudiante de Bellas Artes, Misty, de clase muy humilde y con grandes deseos de vivir como una princesa en un cuento de hadas, conoció a su príncipe azul, Peter, en la escuela de Bellas Artes, y se enamoró de todo lo que la vida prometía junto a ese chico adinerado que vivía en una casa como las que Misty llevaba toda su vida soñando. La muy tonta hasta se enamoró de él y todo, así que se acabó casando con él, quedándose preñada al poco tiempo, y marchándose a vivir a casa de Peter, en la isla de Waytansea, sin haber acabado su carrera como pintora. Pues resulta que cuando la niña del matrimonio llegó a la pubertad, el bueno de Peter intentó suicidarse mediante el clásico método de arrancar el coche en el garaje y asfixiarse con los humos de la combustión de la gasolina, pero resulta que no había suficiente gasolina en el depósito como para morirse. Así que el bueno de Peter se quedó en coma profundo, casi vegetal.

La suegra de Misty, Grace, convence a ésta para que inicie un diario para Peter, por si le diera por volver a la vida normal un día de éstos (cosa casi imposible, dado el deterioro del cuerpo del hombre, pero Misty no se niega a ello). Así, según Grace, Peter no estará tan perdido si despertara. Ahora Misty está amargada, porque la vida en Waytansea no era tan maravillosa como esperaba: sí, grandes familias; sí, grandes casas; pero nadie tiene ni un duro. Así que Misty trabaja como camarera en el hotel de la isla, y limpiando la basura que los turistas dejan por toda la playa. Encima, al bueno de su marido le dio por trabajar de carpintero en el continente, pero en lugar de trabajar, lo que hacía era emparedar habitaciones de las casas de veraneo en las que trabajaba, dejando patéticos mensajes en las paredes. Obviamente ahora todo el mundo le pide compensaciones económicas a Misty.

La gente de Waytansea habla mucho con Misty, le preguntan por qué no pinta, si lo hacía tan maravillosamente. Todo el mundo quiere que Misty pinte; es más, casi parece como si el pueblo estuviera esperando a que ella se convierta en una pintora de éxito.

Y todos estos hechos tan extraños se van mezclando en la novela, hasta llegar a una conclusión realmente estrafalaria. No tanto como el final de la película El club de la lucha, pero más o menos en ese estilo.

En resumen: no me ha parecido una novela tan mala como la pinta Lector mal-herido, pero vamos, es obvio que se trata simplemente de una novela de entretenimiento que, además, es rara de narices. Desde luego, a quien le guste encontrarle un sentido 'real' a sus lecturas, no se la recomendaría para nada.

Un besote